jueves, 11 de junio de 2009

Más allá del mundo virtual


Facebook, Tuenti, Hi-5..., muchos de nosotros somos usuarios habituales de las redes sociales, una nueva forma de comunicación vía Internet directa, rápida y donde podemos crear nuestro propio perfil de usuario que nos define, nos describe y por el que nos damos a conocer al resto de los "amigos" integrantes de esa red.

Construimos nuestra propia identidad reflejándola en el inicio de nuestro perfil, o si no, creamos una identidad inventada más atractiva y cercana a lo que nos gustaría ser realmente. Fotos, vídeos, comentarios..., necesitamos que los demás sepan de nuestra existencia, que los "otros" vean que tenemos vida social más allá del portátil y que no tenemos pudor por enseñarla. Pero, ¿realmente colgamos y etiquetamos fotos, canciones, y escribimos nuestros datos para que los otros conozcan que existimos o porque nosotros mismos necesitamos ese comentario añadido en el pie de foto para conformarnos como personas?

Incluso llegamos a cambiar las expresiones al comunicarnos, ya no se dice: "Ponte que te hago una foto", sino que indicamos: "Venga una pose Tuenti"; o para decir que le vamos a mandar a alguien un mensaje virtual decimos: "Luego te mando un Tuenti", o "te lo explico en un privado". Al tiempo, nuestra intimidad ya no forma parte sólo de nosotros, pueden circular nuestros recuerdos por todo el mundo a través de esta red virtual.

Y esta masa de personas conectadas tiene mucho poder, un comentario o rumor en cadena puede llegar a traspasar la pantalla y afectar a la realidad; por lo tanto, creo que debemos aprovechar las oportunidades que nos dan los nuevos medios de relación para salir del caparazón superficial de la identidad e individualismo virtual, para a partir de una acción en red hacer que surjan efectos positivos en el mundo real, generar cambios en este mundo palpable y desigual en el que vivimos.

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