domingo, 15 de marzo de 2009

Tradición y buen ambiente: base de la innovación


Cambio, desarrollo, idea, mundo, tecnología, inmediatez, transformación... Una serie de conceptos saltaron a la palestras cuando el profesor Carballo nos pidió que en un una palabra dijéramos lo que para nosotros significaba el término Innovación.


Es un hecho complejo, que engloba muchas más cosas y al que todos los referimos basándonos en la experiencia, los recuerdos... Y sin más preámbulos divididos en grupos, como habíamos hecho en la primera sesión de la asignatura, comentamos qué era lo fundamental de este término y de dónde pensábamos que venía, cuáles eran sus objetivos, etc.


Tuvimos consenso a la hora de establecer que innovación tenía que ser un proceso sistematizado y organizado basado en un problema o inquietud que se intentaría resolver o cambiar basándose en un análisis de la información, unas estrategias de acción, una actuación, y finalmente realizando una evolución de los resultados.


Más de una discrepancia recogió el observador del grupo cuando tratamos el tema de las diferencias entre innovación y cambio. Con respecto a esto comentamos las estrategias comunicativas que se están incorporando hoy en día en los colegios, las cuales introducen pequeños cambios tecnológicos en los recursos materiales que no provocaban una transformación de las formas didácticas de impartir las clases.


Finalmente, los tres grupos de trabajo pusimos nuestras ideas en común. Más o menos seguíamos una misma línea de pensamiento, citando en muchos casos los términos que habían surgido en la tormenta de ideas inicial. Me gustó especialmente el enunciado de uno de los grupos que resume el problema o pequeño conflicto terminológico que habíamos tenido en nuestra asamblea: "No todo cambio es innovación, pero toda innovación implica un cambio".


En esta unión o fusión de pensamientos aparecieron reflexiones destacables como que sin el recuerdo y la toma en consideración de la tradición no hay posibilidad de innovar ya que es de donde sabemos las reglas del juego, conocemos lo que va funcionando, lo que no...

Al tiempo, también es importante que hay que tener en cuenta a los clientes finales, los que van a seguir nuestra innovación, la van a aceptar, rechazar, mejorar, etc.

Pero ante todo, en esta primera toma de contacto con el proceso innovador, era necesario saber que en la creación, invención o mejora el que haya un buen ambiente de trabajo en tu entorno es indispensable. Podrás desarrollar así todas tus aptitudes, sentirte seguro de ti mismo y ser finalmente más eficaz en el trabajo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Del fordismo a la especialización

Todo un proceso de cambio, de nuevas formas de producción, distribución y también de consumo han tenido lugar en la historia de la sociedad desde la llamada Industrialización.
El fordismo, creado por Henry Ford desde finales del siglo XIX, estableció un sistema de producción basado en una cadena de montaje estructurada en la que se obtenían unos bienes finales indiferenciados y en serie que se utilizaban para satisfacer las necesidades absolutas de las personas. Es decir, cubrían un espectro de utilidad básico para los ciudadanos, lo que necesitaban para vivir.
Con el aumento de la prosperidad y el desarrollo económico de una parte del mundo, los trabajadores siguen gastando y consumiendo lo que creen necesario para sobrevivir pero redistribuyen recursos para adquirir otros bienes de importancia más relativa pero que hacen sentirse mejor. Este consumo diferenciado está estimulado por los medios de comunicación, por medio de la publicidad que puede, en ocasiones, crear necesidades nuevas y relativas para que el comprador se interese por los nuevos productos.
En esta trasformación del consumo se tuvo en cuenta la pirámide de ingresos que existía. Se segmentó el mercado llevando a cabo unas acciones de estudio de los consumidores; el márketing se centró y especializó en reconocer las variables psico-sociológicas de un sector de mercado o de otro. En este caso, los precios se van estableciendo según lo que estos segmentos de problación están dispuestos a pagar y así ir poco a poco incrementándolos.
Con esta descentralización de la producción los empresarios observan que la cadena de montaje fordista no sirve para realizar unos productos específicos a un grupo determinado de población. Ya no tenía lugar una demanda tal que abasteciera esa producción masiva. Como consecuencia se deja un poco de lado la producción en serie troceándose la cadena en un nuevos productos más diferenciados.
Las Pymes surgen en esta situación, empresas subcontratadas en muchos casos por las corporaciones a un precio más bajo para ensamblar un producto más complejo. Se produce una tecnología más flexible y polivalente. Es el llamado sistema dual mundial en el que las grandes empresas transnacionales gestionan los recursos que los llegan de las Pymes para sacar a la luz un determinado producto.
Pero la tendencia a partir de mediados de los años 70 es que muchas de esas Pymes, utilizando su poder y ventaja competitiva frente a los grandes conglomerados, se asocian y en pequeños distritos industriales desarrollan productos nuevos e innovadores. Es el caso de la región italiana de Emilia-Romaña en la que por medio de cooperativas, actualmente unas 8.000, se ha desarrollado la economía local de la zona, situándose la renta per cápita de la población un 50 por ciento por encima de la media nacional italiana.
Muchos países y zonas en desarrollo como las latinoamericanas podían utilizar y emplear su potencial comercial dando a conocer el trabajo que realizan en comunidad y que en muchos casos es eclipsado por el poder de las grandes multinacionales que se instalan en estas zonas y no permiten que se lleguen a desarrollar las comunidades apartadas y deprimidas económicamente pero con un alto poder creador e innovador.

martes, 3 de marzo de 2009

Píldoras


Una pequeña dosis de Epicuro para empezar hizo que todo el trasiego de la llegada a la sesión se frenara. Sorprendió a muchos esta primera toma de contacto, el poeta griego no es muy recurrido por los facultativos en estos días.

Y tras la ingesta de esta píldora literaria la clase se transformó en un espacio distinto al que estamos acostumbrados. En dos grupos nos dispusimos a comentar y reflexionar lo que había sido nuestro recorrido académico. Desde el colegio, al instituto y luego a la universidad... habíamos visto distintas formas de llevar una clase y en esta ocasión teníamos la oportunidad de expresar qué males endémicos de la educación nos gustaría superar para no encasillarnos en las contraindicaciones o efectos secundarios de la medicina del saber.

El mal o incluso epidemia, en algunos de los casos, que contagia a la profesión es la pérdida de interés tanto del profesorado como del alumnado por el conocimiento. Los primeros se conforman con seguir un historial, mantener un tratamiento inamovible de contenidos que transmiten a los estudiantes; y éstos, sitiendo cómo con el paso de los años necesitan "píldoras de saber", reclaman al doctor-educador la dosis correspondiente de motivación y contenidos actualizados. Al no tener este remedio caen en la sumisión y el pasotismo que un placebo del conocimiento conlleva.

Píldoras y terapias como las de la primera sesión son necesarias para que los alumnos-pacientes echen atrás la vista y recuerden su papel de estudiantes, y creo que también sirve para los facultativos, en este caso los profesores de la asignatura, para comprobar la demanda y expectativas de los alumnos, y así, día a día, poder seguir recetando "píldoras del saber" para sanar las dolencias de esta sociedad infectada por el acodomamiento y la desmotivación.